Cuando acabamos y te dormiste, permanecí despierta, escuchando el tictac del reloj sobre tu escritorio y el viento, entonces, comprendí que había llegado a casa, que estar en la cama contigo era mi hogar, y que algo que había llegado a acercarse mucho en la oscuridad había desaparecido. Había sido desterrado.
Sabría volver, de eso no me cabía la menor duda, pero no podía quedarse, y yo realmente podía dormirme. El corazón casi me estalló de gratitud.
Creo que es la primera vez que experimentaba auténtica gratitud. Tendida junto a ti, las lágrimas me resbalaban por los lados del rostro y caían sobre la almohada. Te amaba entonces, te amo ahora, y te he amado cada segundo transcurrido entre ambos puntos. No estaba segura si lo entenderías, entender es un concepto más que sobrevalorado, pero en cambio la seguridad es un bien muy escaso.
Nunca he olvidado lo segura que me sentí al saber aquella cosa lejos de mi oscuridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario